Renegados Tecnológicos
El mundo de la tecnología es una de mis pasiones desde pequeño. Los avances en todo tipo de campos siempre han sido fruto de admiración para mi. He sido, y sigo siendo, lector asiduo de todo tipo de publicaciones que hablan sobre el mundo que nos depara en el futuro y otros temas relacionados con el avance científico.
Desde la época del colegio, todos mis amigos solían acudir a mi para que les «asesorara» en ese mundo que comenzaba a asomar la cabeza. Recuerdo con nostalgia aquella época en la que, siendo afortunado por poder recibir una paga semanal, conseguía ahorrar durante semanas para gastármelo en comprar el gadget que estaba de moda. Mientras muchos de mis compañeros se lo gastaban en chicles y polvos pica pica, yo ahorraba para comprar mi flamante DiscMan con AntiShock. Cuando algunos de mis amigos comenzaban ya a ahogar penas en vasos de alcohol, yo ahorraba 65.000 pesetas para comprar uno de los primeros móviles de la historia en tener cámara de fotos y pantalla a color. El Sony Ericcson T610. Por eso me he ganado a pulso la fama que a día de hoy sigo teniendo de «Friki» y de ir a la última en aparatos.
Pero a lo largo de los años he conocido a muchas personas que no comulgan con el progreso. Gente a la que les asusta pensar en el futuro, que tienen miedo a un mundo de ciencia ficción, plagado de pantallas, hologramas y coches voladores.
Yo el móvil, lo quiero sólo «pa» llamar…
A día de hoy, me llama la atención cómo gente relativamente joven (quiero pensar que mis 31 años aún son pocos) sigue estancada en los años 90, y no quiere salir de allí. Creen que cualquier progreso a partir de aquel año es cosa del demonio. Y no puedo entenderlo. Hay personas que, aún siendo poco habilidosas para utilizar y sacar partido a la tecnología, la usan, la compran e intentan ir de su mano. Pero otras directamente dicen NO.
En ocasiones intento empatizar con las personas de edad avanzada, a las que hoy día aprender a usar un ordenador les parece una tontería. Recuerdo a mi maestro del taller mecánico, Avelino, al que, a menos de 2 años para jubilarse, le dijeron que tenía que aprender a usar el ordenador, porque pronto las hojas de reparación en papel dejarían de existir. Él, mirando por encima de las gafas, en zapatillas, y pelando una manzana con la misma navaja que minutos antes había usado para cortar un tubo de líquido refrigerante, balbuceaba para sus adentros…: «Esta gente está loca…»
Pero que alguien de mediana edad no lo quiera hacer, me parece que comete un terrible error. Recordemos que hoy en día, cosas tan simples como sacar cita en el médico o en la ITV, se pueden hacer por Internet, aunque sigue existiendo la forma tradicional. De momento…
Fichar la cartilla del paro, es algo que ya no podemos hacer de forma tradicional. Sólo se puede hacer por Internet. Pedir algunos documentos (como la vida laboral, por ejemplo) es obligatorio hacerlo con un ordenador. Y recordemos que estamos en el año 2016. Renegar de la tecnología hoy, es, posiblemente, condenarte para el futuro. Los niños de hoy manejan ordenadores, Internet y pantallas táctiles. Han nacido junto a ello, es su futuro, pero también será el nuestro. Hace dos días comprobaba con estupor como, mi sobrino de tan sólo 4 años de edad, manejaba el ratón y usaba el Paint en el ordenador. Y ni siquiera sabe leer.
Los expertos dicen que la tecnología está creciendo a un ritmo exponencial. Dicen que en los próximos 25 años habrá muchísimos más avances que en los últimos 50. Y que el ritmo seguirá creciendo. A todos los renegados tecnológicos del mundo, yo les quiero hacer llegar una burda reflexión:
Mis abuelos han vivido una Guerra Civil. Con toda certeza, no la habrían deseado, pero han tenido que hacerlo y han sabido convivir con ella. Con la tecnología será igual. Formará, os guste o no, parte de vuestras vidas. Así que abrazarla, porque será compañera de viaje hasta el fin de nuestros días.
¿Por qué esta magnifica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil nos aporta tan poca felicidad?. Porque aún no hemos aprendido a usarla con tino.
Albert Einstein








