Un día entre escorpiones
El pasado sábado tuve la oportunidad de asistir al primer AbarthDay. Un evento organizado por la marca del escorpión para sus clientes y futuros compradores (en mi caso, por ser antiguo propietario). Se realizó en el Circuito de Los Arcos, en Navarra. En él pudimos disfrutar de una jornada automovilística de lo más entretenida.
Por un lado, un pequeño museo, donde ver algunos de los modelos mas representativos de la marca de Bolonia, tanto pasados, como presentes y futuros. Por otro lado, y como plato fuerte del día, poder probar en el trazado Navarro los nuevos Abarth 595 y 124.
Comenzamos el día pasando un pequeño Briefing de seguridad, en el que se nos explicaba un poco la filosofía de la marca, los modelos disponibles, y en el que se nos organizaba por grupos para hacer las pruebas.

A continuación, y dependiendo del color sorteado, comenzabas por una u otra prueba. En mi caso, empezamos fuerte: La primera prueba sería el Abarth 124.
Tenía especial interés en probarlo, ya que, al compartir chasis con el MX-5, quería saber cuán diferente era el uno del otro. Dejando a un lado las diferencias de entrega de potencia, configuración de suspensiones, y demás particularidades de este modelo en concreto, las diferencias son realmente mínimas. La sensación a los mandos es de estar en el mismo coche. Si me taparan los ojos y me sentaran, con el motor parado, lo tendría muy difícil para saber distinguir un MX-5 de un 124. Pequeñas pinceladas, como un pomo diferente, pero el resto es casi un clon de ambos. Sin embargo, en cuanto arrancamos el motor, y comenzamos a rodar, las diferencias comienzan a aflorar.
Para empezar el motor. Mucho más contundente gracias al turbo, y a la mayor potencia (Mi MX-5 tiene 131 cv, frente a los 170 del Abarth). Si bien es verdad que noté un pequeño «lag» cuando pisabas el acelerador con decisión, en cuanto comienza a empujar, se le nota muy elástico hasta casi el corte de revoluciones.
La segunda diferencia más que evidente, la suspensión, más rígida. Pese a ello, y ya dentro del circuito, seguí notando ese balanceo tan acusado que tiene el Mazda. Pese a ello, dicen que el Abarth es cómodo en conducción normal. No lo he podido comprobar, ya que no he podido rodar por carretera.
La estética exterior, mucho más agresiva en el Abarth 124 que en su versión Fiat, también es de destacar. Con llamativas combinaciones, blanco – negro, rojo – negro, o, si se prefiere, sólo en un color sin coste alguno.
Y cómo no, no sería un auténtico Abarth sin su característico sonido. Un ronroneo que te invita a practicar una conducción deportiva en cuanto arrancas. Maravilloso el «pop» que suena cada vez que engranas una marcha más. Difícil de describir con palabras. Un Abarth con un escape Record Monza es, a mi juicio, una sinfonía perfecta. Uno de los mejores sonidos automovilísticos del mundo, sin lugar a dudas.
A continuación, visitamos el Museo, con algunas piezas dignas de admirar, como el impresionante Abarth 1000TCR, o un OT1300 que, increíblemente, se encontraba aún sin matricular. Aquí una pequeña muestra.








Tras la visita del museo, el segundo plato fuerte del día: La prueba del nuevo Abarth 595 Competizione.
Aunque ya hace más de un año, la postura de conducción del 595 también me resulta familiar. En restyling sufrido hace escasos meses, le ha sentado de maravilla: nuevas defensas, nuevo interior, cuadro digital, nuevas tapicerías, navegador integrado… Y la parte ciclo no se ha quedado atrás. Ahora hay 3 versiones disponibles, cada una con una potencia diferente. Para la prueba disponíamos de la versión Competizione, con 180 cv y diferencial autoblocante. Sin duda la mayor diferencia con respecto a mi antiguo Abarth 500 son los asientos. Firmados por Sabelt, es en un circuito donde más partido les puedes sacar. El cuerpo apenas se mueve, con la comodidad que ello supone para centrarte en la conducción. Eso si, acostumbrado ahora a una postura mucho más deportiva, me sigue pareciendo que la postura es demasiado elevada. Además, los baquet no se pueden regular en altura, con lo que no hay remedio posible. La postura de conducción para las piernas se me hace muy extraña ahora, pero nada que no se solucione con una adaptación de unos días. Lamentablemente, sólo tenía 1 vuelta para poder exprimir al pequeño Abarth, así que entramos de nuevo al circuito para disfrutar.
La conducción difiere mucho a la del Abarth 124, ya que son arquitecturas completamente diferentes. Tracción trasera vs. delantera, motor central delantero vs. delantero, reparto de pesos diferente… pero sigue siendo un Abarth, con lo que la diversión está asegurada. El 595 tiene una clara tendencia al subviraje, pero nada que no se pueda arreglar parando bien el coche antes de afrontar los virajes, algo que, por fortuna, es fácil, gracias a su magnífico equipo de frenos firmados por Brembo. La ligereza de todos los modelos Abarth es un plus a la hora de realizar una conducción deportiva, y eso, en un circuito con el de Los Arcos, bastante ratonero, se agradece. Os dejo con la vuelta que por fortuna, pude grabar. Una imagen vale más que mil palabras.
Después de esto, era la hora de realizar el «Mickey Mouse». Un pequeño circuito entre conos, para comprobar las virtudes del chasis en cambios de apoyo. Exigente para el piloto y para el coche.

Y tras esto, despedida y vuelta a casa.
En definitiva. Un día para recordar sin lugar a dudas. Ojalá se repita cada año, y espero poder asistir. No descarto en un futuro volver a tener un Abarth. Y es que, una vez que sufres la picadura de un escorpión, el veneno es difícil de eliminar.

