Cuando faltan las palabras
Cuán difícil se torna a veces decir lo que sientes.
Presa de la confusión, o quizá intentando engañarte a ti mismo, te afanas en creer que esos sentimientos no existían. Pero no. Estaban ahí, crecieron con el tiempo, y llegaron para quedarse.
Un día algo ocurre, algo cambia. Una mirada, una sonrisa… Comienza entonces un camino para el que no te han preparado. Algo tan grande que asimilarlo es ardua tarea.
Deseas entonces expresar eso que te quema por dentro. Y ansías hacerlo bien, porque tu mayor anhelo es dejar claro lo que sientes. Las palabras no sirven. El lenguaje se torna inútil. Plasmar todo eso se vuelve meta inalcanzable.
Ojalá hubiera palabras para todo.
Ojalá pudieras saber cuánto te quiero…
