Una vida sobre ruedas
Desde que tengo uso de razón, los automóviles han sido mi pasión. Cada uno de los vehículos que he tenido ha sido más que un medio de transporte; han sido compañeros en mi recorrido, testigos de mis historias, y protagonistas de momentos inolvidables.
Es por eso que me parece el momento perfecto para dedicar una entrada de mi blog a dejar constancia de mi historia automovilística, no sólo como un tributo a los coches que me han acompañado, sino también a las vivencias que he compartido con ellos. Nunca se sabe, tal vez algún día necesite redescubrirme y regresar aquí para reencontrarme con mis raíces, con esa esencia que siempre me ha impulsado.
Abril de 2003
Después de 18 años de espera, finalmente obtuve el trofeo que más ansiaba: mi licencia de conducir tipo B, que me capacita para conducir turismos. Aquel momento, cargado de emoción y satisfacción, se ha quedado grabado en mi memoria como uno de los más felices de mi vida. Fue el primer paso hacia un sinfín de aventuras al volante, y la confirmación de que mi pasión por los coches no era sólo un sueño, sino una realidad al alcance de mis manos.
El primer año con mi carnet de conducir fue una auténtica odisea dialéctica. Día tras día, intentaba convencer a mi madre de que me dejara conducir su coche. Primero, un Opel Kadett 1.4S, y más tarde, un Peugeot 206 HDI.


Era comprensible, tenía los temores típicos de cualquier madre: ¿y si destrozaba el coche que usaba a diario para ir a trabajar? Aun así, yo no desistía y cada vez que podía, trataba de “robárselo”. Desde mi perspectiva, era una necesidad. Un apasionado de los coches, recién estrenado carnet en mano, pero sin vehículo propio, es como un monologuista al que le han puesto un esparadrapo en la boca. La tentación era irresistible.
Por fortuna, un día del verano de 2004, de camino a la playa, recibo un SMS de mi tío, en el que pude leer:
«Si quieres el Alfa, te lo regalo. Si no, se va para el desguace. ¡Hablamos!»
Como para pensarlo mucho… ¿verdad?. ¿Me regala su coche?. ¡No puede ser!
Unos años antes de recibir el SMS, mientras íbamos de camino a una pista de esquí artificial, mi tío me llevó en aquel coche por una carretera con buenas curvas. En un momento dado, se detuvo en el arcén y me dijo:
«Un momento, vamos a quitarle al coche la tapa del filtro del aire, ¡verás como suena!”
Dicho y hecho. El sonido característico del motor bóxer comenzó a llenar mis oídos, y me deleité viendo cómo aquel coche trazaba cada curva con precisión. Algo se despertó en mi interior. Desde ese día, ese vehículo quedó grabado en mi mente como un vehículo especial. No sabía mucho sobre el modelo en particular, pero las sensaciones que experimenté a bordo fueron indescriptibles. Desde entonces, supe que algún día tendría que tener uno igual.
Cosas del destino, unos años después, ahí estaba, delante de él, listo para llevármelo. La mayor ilusión que podía tener. Mi primer coche propio, con el que no tendría que rogar a nadie para poder conducir.
Alfa Romeo 33 1.3S

Introduzco la llave en el contacto, situado a la izquierda del volante. Este modelo de Alfa 33 aún montaba carburadores dobles y bomba de combustible mecánica, lo que hacía que arrancarlo no fuera una tarea tan sencilla. Tras un par de intentos, cobró vida. Apreto el pedal del embrague e intento meter la primera velocidad, pero no parece entrar, ya que la palanca volvía a su posición neutral. Además, al soltar el embrague, el coche no se movía. Resultó que estaba intentando meter tercera, pensando que era primera, y no entendía por qué. Después de unos días entendería el motivo: el guiado del cambio era tan malo que no se podía distinguir apenas la marcha que colocabas. Tras varios intentos, finalmente logro meter primera, no sin “rascar”, y comienzo a avanzar. Observo que el nivel de gasolina está muy bajo, así que decido dirigirme a la gasolinera más cercana. Justo cuando estoy llegando, se enciende el testigo del aceite… Ruidos y crujidos son la banda sonora que me acompaña mientras intento domar a mi nuevo compañero de aventuras.
Recuerdo aquel momento como un auténtico esperpento, el típico «trágame tierra» en el que comienzas a cuestionarte si haber elegido quedarte un coche viejo de la marca del Biscione fue una buena idea. Cualquiera con un mínimo de conocimiento sobre automóviles habrá pensado que no fue mi mejor decisión, ya que el Alfa Romeo 33 tiene el «honroso» privilegio de ser uno de los modelos que contribuyeron a la mala fama de la marca. No obstante, tras esta desastrosa toma de contacto, y tras algunos cientos de kilómetros, la convivencia mejoró, y poco a poco nos fuimos conociendo mejor. Porque sí, las personas y los automóviles también se tienen que conocer poco a poco.
Después de unas semanas, comienzan los típicos años con tu primer coche, con mejoras de macarra juvenil. Limpieza a fondo, volante desplazado, suspensión rebajada, equipo de música mejorado con sus correspondientes altavoces 6×9″ en la bandeja trasera… Nada que todos los que amamos este mundo no hayamos echo, en mayor o menor medida.


Entre tanto, comencé a trabajar como repartidor y conseguí ahorrar algo de dinero. Es entonces cuando decido buscar el que, en aquellos años, era mi coche favorito, y uno de los coches más deseados entre los aficionados: Un Renault Clio 16V.
Inicialmente, la intención era cambiarlo por el Alfa, pero al final decidí mantener ambos. La búsqueda se prolongó durante algunas semanas, y pronto apareció una buena unidad en el País Vasco. Viajé con mi amigo Andy en su BMW M3 E30, y tras verlo, probarlo y acordar el precio de 3.800 €, me lo quedé.



Se trataba de un Clio 16v con motor 2.0 heredado de un Clio Williams, colectores de escape Renault Sport, centralita de Clio Gr. A, escape Remus, suspensión Koni regulable… Era un auténtico LEGO. Este fue mi primer contacto con un coche realmente rápido. Me lo pasé como un enano durante unos meses. Concentraciónes, quedadas, foros… Uno de los sueños de mi infancia cumplidos.
Sin embargo, me di cuenta de que ya lo tenía, que eso era todo, y que no me iba a aportar nada más. La ilusión que sentía por tener el coche que llevaba años deseando, simplemente se esfumó.
Me di cuenta enseguida de algo curioso. Cuando conducía el Clio, era solo un coche más. En cambio, al bajarme del 33, las sensaciones eran muy diferentes. Salía con una sonrisa tonta y absurda, aún más incomprensible si se considera que el 33 tenía un motor 1.3, a años luz de la potencia y el comportamiento del pequeño hot hatch francés. No entendía qué era, pero tras reflexionar sobre ello, lo comprendí. Lo había encontrado. Aquella sensación no podía ser otra cosa:
Il Cuore Sportivo.
Fue una revelación. Mi 33 tenía algo. Objetivamente, era una auténtica chatarra oxidada, poco potente y estéticamente poco agraciada, pero conducirlo me provocaba sensaciones que no lograba comprender del todo. Sentía cosas que aún no sé cómo describir ni explicar, pero estaban ahí. A pesar de ser un declarado Tiffossi y de los estrechos lazos entre Ferrari y la marca de Turín, no me consideraba un incondicional de Alfa Romeo. Sin embargo, manejar aquel coche me hacía sentir algo muy especial.
Así que, algo en mi interior me llevó a tomar una decisión: el Alfa Romeo 33 debía quedarse conmigo todo el tiempo que pudiera mantenerlo. Además, lo convertiría en un auténtico coche de carreras, con el que viviría aún más historias increíbles.
Julio de 2008
En aquel momento, afrontaba una época de cambios en el ámbito personal, de modo que, ya que mi vida se estaba poniendo patas arriba, me pareció un momento inmejorable para vender el Clio, mi ilusión desde niño, e invertir el dinero obtenido en la preparación del 33.
No tenía en mente una restauración completa, sino simplemente darle un repaso a la pintura, adecentarlo y, sobre todo, prepararlo para rallyes de regularidad. La razón era sencilla: muchos proyectos que empiezan así terminan en nada, ya que una restauración completa requiere mucho tiempo y dinero. Quería terminarlo para disfrutar del coche cuanto antes, así que decidí no embarcarme en un trabajo tan grande. Comencé a desmontar y, bueno, ya se sabe lo que suele pasar en estos casos.
«Ésto no lo quiero. ¿Calefacción?. Fuera. ¿Radio? No la necesito…»


Por fortuna tenía 5 llantas iguales, pero la de repuesto se encontraba en un estado lamentable. Se trataba de unas llantas de la marca LAOR, que estaban montadas originalmente en un Seat 124 Sport.


Agosto de 2009
El tiempo seguía su curso inexorable. Pasé a formar parte de las listas de desempleados del país. Afortunadamente, al tener acumulada una prestación por desempleo suficiente, pude aprovechar para avanzar en el proceso de restauración. Sin embargo, el dinero se agota rápidamente, así que comencé a buscar un trabajo que me permitiera continuar con la restauración mientras esperaba volver a la empresa anterior, ya que en los inicios sólo entraba gente para dar vacaciones. Por suerte, encontré pronto un trabajo, aunque estaba a 40 km de mi casa. Este pequeño detalle era un gran problema, ya que solo tenía un vehículo en ese momento, y, como habrás podido intuir, no estaba en condiciones de circular.
Comencé entonces una frenética búsqueda de un vehículo, ya que en apenas 5 días, tendría que presentarme en mi nuevo empleo. Fui a buscar los coches más baratos que encontrara por la zona, y un par de días después, en una esquina del parking de un concesionario Renault, al aire libre, lleno de polvo y con una mirada lánguida y triste, estaba aparcado el que sería mi siguiente vehículo.
Audi 80 B4 TDI

Sin duda alguna, uno de los mejores coches que he tenido. Cómodo, duro como una piedra, increíblemente bien construido, y además, con un consumo irrisorio. Me costó 1.500 €, aunque por fuera tenía abollones y algunas raspaduras, por dentro estaba totalmente impecable. Incluso olía a nuevo. Recuerdo como, con mis amigos locos de los coches, nos maravillábamos escuchando el sonido de esas puertas cerrándose y abriéndose. Ya no se hacían coches así.
En esa época, me saqué también el carnet de conducir A, por culpa de una apuesta con mi padre. “Si te sacas el carnet, te regalo mi moto”, me prometió. Este reto no era más que una versión automovilística del típico “no hay huevos”, tan común entre los grupos de amigos con pocas neuronas. Los motivos para tamaño regalo no los tengo claros. Acababa de comprar una Honda GoldWing GL1800, así que supongo que no sabía que hacer con su otra motocicleta.
Contra todo pronóstico, cumplió su palabra, y unos meses después me envío por mediación de una empresa especializada, la que sería mi primera moto. Una Yamaha DragStar 650 Classic. No me gustan las motos custom, pero cualquiera dice que no a un regalo así… Mis dos primeros vehículos de cada tipo fueron, literalmente, regalados. ¡Soy un tipo con suerte!

Pasado un tiempo, y adquirida la experiencia necesaria, tenía ganas de cambiar de montura. Me apetecía comprar una moto que realmente me gustara. Así que viniendo de mí no podía ser otra cosa.
Ducati Monster S2R 800


Mayo de 2012
Compré la moto a un joven de Valencia. Contaba con apenas 26.000 kilómetros, escapes Termignoni, centralita y filtro Ducati Performance. Lo que realmente me cautivó fue su sonido, tan distintivo de la marca.
La aventura que vivimos para ir a buscarla merece ser contada.
Uno de mis compañeros de trabajo, un auténtico apasionado de las motos, conocía a los dueños de un desguace que disponían de una furgoneta, ideal para transportar la moto y evitar así tener que recorrer tantos kilómetros conduciéndola. Nos la prestaron amablemente, y sin perder tiempo, emprendimos el viaje. Nuestra intención era bajar desde Gijón hasta Valencia, comprar la moto y regresar en el mismo día. Por eso, decidimos salir a primera hora. No recuerdo con exactitud, pero debían ser alrededor de las 6 de la mañana.
El viaje de ida transcurrió sin incidentes. Probé la moto, verifiqué que todo estaba en perfecto estado, la cargamos en la furgoneta, y comenzamos el regreso. La noche nos alcanzó poco después de pasar Madrid. Yo no había tomado el volante en todo el trayecto, y comencé a notar que mi compañero mostraba signos de fatiga. Le pregunté si quería que condujera yo, pero se negó. Continuamos, pero su cansancio se hacía cada vez más evidente: pisaba las líneas de la carretera y el vehículo comenzaba a hacer ligeras eses.
Atravesamos una zona de obras, donde era necesario cambiar al carril contrario. Al volver al carril habitual de la autopista, mi compañero se acercó demasiado a una de las barreras de hormigón que delimitaban los carriles. De repente, sentí un golpe seco, seguido de un brusco volantazo. Redujo la velocidad y nos detuvimos en el arcén. Yo estaba furioso, pero al mismo tiempo, consciente de la suerte que habíamos tenido de no sufrir un accidente grave. Mi siguiente preocupación fue la moto; iba amarrada con cinchas, y temía que se hubiera soltado y caído. Abrimos la parte trasera, y para nuestro alivio, todo seguía en su lugar.
Sin embargo, noté algo extraño: la furgoneta estaba visiblemente más baja del lado derecho. Al asomarnos, vimos el neumático trasero completamente destrozado. Decidimos cambiarlo por el de repuesto, pensando que todo se resolvería rápido. Pero al revisar más detenidamente, descubrimos que el neumático delantero estaba en las mismas condiciones. ¡Mierda!. Era la 1 de la madrugada y estábamos en medio de Castilla y León.
La situación se complicaba: no íbamos a poder cambiar la rueda hasta la mañana siguiente, y ya me veía pasando la noche en la furgoneta. Para colmo, no encontrábamos los papeles del seguro, no sabíamos con qué compañía estaba asegurada y el propietario no respondía al teléfono. Todo apuntaba a que la noche sería un desastre. Finalmente, descubrimos una pegatina en el cristal con el nombre de la aseguradora. Llamamos, explicamos la situación y, afortunadamente, confirmaron que el vehículo estaba cubierto. Pedimos una grúa, y tras una hora de espera, apareció el camión de asistencia.
El conductor nos explicó que en el pueblo al que nos llevaría había una tienda de neumáticos en una nave industrial, justo a las afueras. El dueño vivía en la planta superior de la nave y, según el gruísta, apenas dormía, así que podía llamarlo para ver si nos atendía. Aunque nos pareció una situación un tanto inusual, accedimos. Y así fue: el dueño, en pijama y zapatillas de cuadros, bajó a recibirnos y nos montó un neumático. Aunque no coincidía con los otros, era suficiente para continuar nuestro camino. Le pagamos, le dimos una generosa propina y retomamos el viaje, pero esta vez con una condición: yo sería el conductor.
Finalmente, llegamos a Gijón a las 4 o 5 de la madrugada, bajo una persistente lluvia. A pesar del cansancio, descargué la moto, la aparqué en la calle y me fui a dormir. Había sido un día agotador, pero al día siguiente tendría tiempo para admirar mi nueva adquisición con más calma.
Pasado un tiempo, pude probar varias motos, y tengo que admitir que la postura de conducción de la Ducati en comparación con el resto de competidoras, era bastante incómoda, pero la disfruté mucho el tiempo que la tuve.
Originalmente, compré la moto como un capricho, un vehículo de ocio para disfrutar en mis ratos libres. Sin embargo, debo admitir que no soy un apasionado de las dos ruedas. Me gusta conducirlas de vez en cuando, pero siempre he tenido una inclinación natural hacia los coches. Así que, después de unos meses de uso (sin ningún problema con la Ducati, dicho sea de paso) y considerando que prácticamente solo la utilizaba para hacer recados por la ciudad, tomé la decisión de cambiarla por algo mucho más práctico: Una Kymco SuperDink 300 ABS.

Era una scooter ágil, económica y fiable. Algo dura de suspensiones y un pelín brusca a la hora de acelerar, pero para lo que yo la necesitaba, era perfecta.
Volvamos a los coches. El Audi seguía en mi garaje, pero después de más de dos años de uso intenso y sin demasiados cuidados—ya que lo había comprado con la idea de exprimirlo sin miramientos—comenzó a mostrar los primeros signos de envejecimiento, como ruidos en la polea del cigüeñal, pérdidas de aceite y cosas por el estilo. Justo en aquellos días, surgió una oportunidad inesperada de cambiarlo. Mi compañero de trabajo Roger tenía un vehículo a la venta que me podría servir. Así que, con cierta nostalgia, me despedí del Audi.
¿Y cuál era el nuevo miembro? ¿Algo fiable quizá?. No hombre, que es muy aburrido… Es mucho mejor vivir con un toque de incertidumbre.
Peugeot 307 HDi

Para ti, que quizá no sepas por qué digo esto, el 307 ha sido uno de los modelos de Peugeot que más problemas ha tenido, (hubo un famoso foro que se llamaba 307fallos.es) pero curiosamente yo tampoco tuve ningún problema con él. Me dediqué a reparar esos pequeños detalles que tienen los coches usados, y fue durante una buena temporada mi coche de diario.
Tenía en el garaje a mi querido 33, el 307 y la Kymco SuperDink. Ya me había comprado mi primer piso, mi situación laboral era estable, y el Peugeot 307 fue siempre un coche de paso, así que decididamente había llegado el momento de volver a la época del Clio. Quería volver a tener un coche emocionante. Mi pareja en aquél entonces, se había comprado el coche «útil», así que yo tenía vía libre para comprar un vehículo de puro disfrute.
Estuve sondeando el mercado de segunda mano para ver si podía comprar algo interesante: Nissan 370Z, BMW Z4, Porsche Cayman… había mucho donde elegir, pero creo que comprar cualquiera de esos habría traicionado mi filosofía. En lo más hondo de mi interior sentía que debía ser una máquina Italiana.
Así que el elegido fue un Abarth 500.
Empecé explorando el mercado de segunda mano, pero al ver los precios, y considerando el generoso descuento que tenía en Fiat por acuerdos con mi empresa, ví que la diferencia con un modelo nuevo apenas llegaba a los 1.000 €. Así que, dejando que el corazón prevaleciera sobre la razón (porque, admitámoslo, esas son las mejores compras), me decidí y compré mi primer vehículo nuevo.


Una de las ventajas de comprar un vehículo nuevo, era poder elegir los extras que quería, un lujo al que no estaba acostumbrado. Tras pensarlo bien, y ya que sería mi vehículo de diario, decidí comprarlo con cambio automático. Sí, ya sé lo que me vas a decir. El cambio pilotado de estos modelos no es un alarde tecnológico, pero es el paso intermedio entre un cambio manual y uno automático. Además, en un coche pasional como este, el “incómodo” movimiento que producen este tipo de transmisiones tiene mucho sentido, y con los escapes Record Monza (casi obligatorios en este modelo), el cambio entre marchas produce unas sonoras petardadas que alegran el día (sobre todo entre 3ª y 4ª velocidad). También pedí el techo solar, porque nunca había tenido uno y quería probarlo.
En mi trabajo, los accesos por carretera, los parking y las pistas por las que tienes que circular, están siempre llenos de suciedad debido al constante tránsito de camiones y los materiales que almacenamos. Ver cómo se ensuciaba el que había sido mi primer coche nuevo era verdaderamente doloroso. Lo llevé un par de veces, pero pronto decidí no hacerlo más. No me quedó más remedio que utilizar la moto para ir al trabajo, sin importar si llovía, hacía frío o calor.
Tras algo más de un año enfrentándome a las inclemencias del tiempo en la moto, y considerando que su uso se había reducido casi en exclusiva a los trayectos laborales, me di cuenta de que era absurdo seguir utilizando la moto como medio de transporte al trabajo. Llegar empapado era muy engorroso. Así que decidí venderla y buscar un vehículo que me permitiera ir al trabajo todos los días, que fuera barato de mantener, fiable y, sobre todo, que tuviera calefacción. Oh, sí, ir a trabajar calentito era todo un lujo para mi. Todos esos requisitos los cumplía a la perfección un Peugeot 106 1.5 D.


Lo compré por mediación de un amigo, que conocía al dueño, un señor mayor. El coche estaba en muy buen estado, y el aspecto exterior me tenía sin cuidado; las marcas de guerra no me importaban lo más mínimo. Sin embargo, había dos detalles que me hacían reflexionar: habría sido mejor un coche automático para la rutina diaria, y aunque el Peugeot era práctico, seguía siendo un reto encontrar aparcamiento en el centro de la ciudad, algo en lo que la moto siempre tenía ventaja. A pesar de haber encontrado una solución funcional, mi mente seguía inquieta, siempre en busca de un vehículo mejor. Así soy, necesito sentirme completamente seguro de tener la combinación perfecta de coches para cada etapa y circunstancias de mi vida.
Junio de 2017
Disfrutando de unas vacaciones por Italia, se me encendió la bombilla. La respuesta a mis necesidades estaba por todos lados en la ciudad de Roma, en cada rincón de la ciudad: Smart ForTwo 450.
Allí eran una auténtica invasión, y era justo lo que estaba buscando. Casi tan fácil de aparcar como una moto, automático… Y encima añádele que es un coche relativamente moderno y que ya disponía de algún tipo de seguridad activa, como el control de tracción y estabilidad, ABS, incluso algunos lujos, como el aire acondicionado, techo panorámico… cosas con las que el vetusto 106 no podía soñar.
Así que en cuanto llegamos a casa, me puse a buscar y, cosas de la vida, me enteré de que un conocído tenía 2 Smart ForTwo, y uno de ellos casi nuevo… Así que tras insistir un poco, terminó por vendérmelo. Apenas tenía 40.000 km en casi 10 años…


Todo siguió sin cambios durante un par de años. Durante ese tiempo, el Abarth apenas recorrió 8.000 km. Aunque era un coche divertido, nunca llegué a conectar completamente con él. Y eso que, después de comprarlo, le instalé el anteriormente mencionado escape Record Monza, que mejoró increíblemente el sonido, y el Kit Esseesse, que redondeaba el conjunto aún más. Pero, a pesar de todas esas mejoras, algo seguía faltando para que me sintiera plenamente a gusto con él.

Diciembre de 2015
Puedo parecer algo impulsivo, pero también soy de los que analizan mucho las cosas. Tomo decisiones más con el corazón que con la razón, pero siempre sobre unos mínimos principios razonados. El problema es que a veces, las necesidades cambian rápidamente, y casi con la misma rapidez, mis decisiones también pueden cambiar. Y eso fue exactamente lo que ocurrió a continuación.
Mi padre, que en aquel entonces tenía un Peugeot 407 con 10 años, decidió que había llegado el momento de jubilarlo. Me ofrecí con gusto a ayudarle en la búsqueda de un reemplazo. Estuvimos analizando modelos y marcas de lo más variadas. Le daba igual si era un coupé, berlina, cabrio, gasolina o diésel… El único requisito fundamental era que el coche le gustara estéticamente. Así que recorrimos concesionarios de Ford, Lexus, Peugeot, BMW, y algunos más.
El primer concesionario que habíamos visitado fue el de Mazda. Fuimos a ver el Mazda 6, que le gustaba mucho. Al entrar, en una esquina, pude ver el nuevo MX-5. Me impresionó. No lo había visto en directo, y la impresión en persona era mucho mejor que cuando ví fotos de su presentación. Mucho más pequeño de lo que parecía, bajísimo, la nariz del coche me llegaba justo a la rodilla, y en color rojo, que le sentaba muy bien.
Mientras mi padre hablaba con el comercial, yo aproveché para zambullirme en el interior del pequeño Miata. Si el exterior me impresionaba, el interior no se quedaba atrás. Lo primero, la postura de conducción. Nada que ver con nada de lo que había probado hasta ahora. Piernas estiradas, postura recostada. Ves el morro, larguísimo, con los hombros de los pasos de rueda claramente abultados. Vas sentado a apenas 30 cm del suelo, puedes tocarlo incluso sentado desde el asiento. Y, por supuesto, la ausencia del techo, que es, junto con la diversión de la conducción, el principal activo de este modelo.
El comercial se acercó con mi padre, y debió ver el brillo en mis ojos. Como buen comercial, comenzó a engatusarme. Lo primero que me dijo es que, viendo el coche en el que había venido (el Abarth), ya se imaginaba que me gustaban los coches divertidos. La unidad en la que estaba montado, estaba ya matriculada para el concesionario como demo, aunque como tenían 2, ese lo tenían allí y aún no había rodado por la calle. Sin embargo, el otro, que estaba fuera, era el que utilizaban para realizar pruebas. Así que me dijo que lo mejor sería que fuéramos a dar una vuelta. Obviamente, acepté.
Aquel era un día frío, unos 10ºC, pero el comercial me dijo que íbamos a ir descapotados, ya que es gran parte del aliciente. Me comentó que, lejos de lo que la mayoría creemos, es posible ir sin capota sin morirte de frío. Yo era un poco escéptico, pero confié en su palabra, y tengo que darle la razón. Encendimos la calefacción dirigida a los pies, activamos un punto en los asientos eléctricos, y arrancamos.
Ni 50 metros me hicieron falta. Acababa de descubrir la simbiosis perfecta hombre-máquina. Nunca había sentido un coche tan «mío» sin haberlo conducido jamás. El tacto del embrague, el acelerador, el cambio. Todo me era familiar, como si llevara miles de kilómetros en él. A las 4 curvas ya estaba haciendo punta tacón para reducir las marchas. Todo surgió de forma natural. Comencé a tomar curvas. La sensación de girar «con el culo», nunca la había experimentado con tanta claridad. El coche gira justo allí donde le indicas con el volante. Cuando cambias de apoyo, notas perfectamente el balanceo de la carrocería pero, lejos de ser incómodo o dar la sensación de ir en barca en plena marejada, resulta agradable. La suspensión filtra los baches de forma excelente, al menos en comparación con la del Abarth. Era un coche cómodo para viajar, pero muy eficaz dando curvas. El sonido del motor, no tan macarra como en el Abarth pero que te recuerda a épocas pasadas, la sensación de ir sin techo, el bajo peso, que se nota una barbaridad para todo, frenar, acelerar, paso por curva…
Cuando me dí cuenta, estábamos aparcando de nuevo en el concesionario, y yo quería más. Ya no había vuelta atrás, no iba a poder olvidarme de aquel maldito coche. En los días sucesivos, me leí toda la información disponible en internet sobre el modelo. Motorizaciones, opciones, pruebas… Porque es cierto que cuando se presentó esta última generación, me dejó indiferente.
Unos días mas tarde, y tras haber llevado el Abarth al concensionario para que realizaran una tasación, recibo la llamada del comercial, y sorprendentemente, la operación no supondría perder apenas nada de dinero. No me podía creer que me dieran sólo 2.000 € menos de lo que me costó nuevo. Es cierto que el Abarth tenía sólo 8.000 km, pero ya era un coche con dos años de antiguedad. Que me dieran una tasación tan alta sólo tenía una clara consecuencia: El MX-5 había dejado de ser una ilusión y pasaba a ser una opción muy real.
En los siguiente días, pocos números tuve que hacer. Como digo unas líneas más arriba, me puede el corazón. Si algo me gusta voy a por ello. Así que tras pocos días, llegó mi siguiente coche, un Mazda MX-5 1.5 ND. Me acerqué con mi padre al concesionario para decirle que me lo quedaba, que le pusiera el cartel de vendido, y él hizo lo propio con el Mazda 6. Una venta doble, el sueño de todo comercial.
Y si el 500 Abarth es un coche divertido, ¿por qué cambiarlo?. Los días previos a confirmar que me quedaba el Mazda, le di bastantes vueltas. Cuando me compré el 500 lo hice con el propósito inicial de ser mi coche para todo. Por esa razón, lo compré con cambio automático, y no le monté los baquets Sabelt opcionales. Para un uso diario me pareció la mejor opción. El problema fue que al final no lo utilicé como coche de diario, y pasó a ser un coche de fin de semana.
Una vez más, queda claro que hasta que no estoy convencido de tener mi “garaje perfecto”, no me quedo a gusto. Y si juntamos todas las condiciones que se dieron con el MX-5, no pude contenerme a dar el «sí quiero».




Julio de 2016
La vocecilla de mi cabeza que representa al administrador de mi parque automovilístico, comenzó a gritarme de nuevo, y no paraba de decirme que debía hacer cambios, ya que tener 2 coches biplaza, no parecía ser lo más óptimo. Siempre se presentan situaciones en las que necesitas llevar a más de 2 personas, y esto era un gran hándicap.
Hagamos ahora un pequeño viaje en el tiempo hasta el verano de 2005.
Un familiar lejano, ingeniero de profesión y siempre al tanto de las últimas tecnologías, compartía mi pasión por el mundo del automóvil. En una boda, me contó con entusiasmo que se había comprado un coche nuevo. Tuve la oportunidad de verlo, y aquel momento quedó grabado en mi memoria para siempre. Fue como hacer un viaje 20 años hacia el futuro.
El coche apareció en la oscuridad de la noche, casi invisible por su color negro, y avanzando en un silencio absoluto. Al entrar, fui recibido por un inmaculado interior de color crema. Lo que más me sorprendió fue el cuadro de mandos, completamente digital, situado en el centro del salpicadero, y acompañado de otra pantalla más a todo color como principal protagonista. En ella se mostraban gráficas, diagramas y datos que no comprendía muy bien. Gracias a una cámara instalada en la parte trasera, podías ver lo que ocurría detrás para facilitar el aparcamiento. Lo más asombroso de todo era que ni siquiera necesitabas preocuparte por mirar hacia atrás, porque… ¡aquel coche también aparcaba solo, sin necesidad de tocar el volante!
Fue un momento bastante increíble. Desde entonces, tenía ese recuerdo de haber vivido la sensación de descubrir un vehículo muy avanzado a su tiempo. Aquel coche era un Toyota Prius 2G.
Decidí entonces que, ya que tenía un coche puramente lúdico, sería genial buscar un Toyota Prius, que en aquel entonces ya estaba en su tercera generación. Quería revivir esa sensación de estar al volante de una nave espacial avanzada a su tiempo. Además, me intrigaba la idea de probar un coche híbrido, porque soy de los que prefieren experimentar antes de juzgar, especialmente cuando se trata de automóviles. Me parecía fascinante la posibilidad de circular en un coche con motor eléctrico, una tecnología completamente nueva para mí.
Tras leer mucha información y buscar un poco, encontré uno que cumplía con mis requisitos: que fuese de color blanco y que no hubiera sido un taxi. Compré un billete de autobús hacia un pueblo de la Valladolid profunda, me subí y me fui a la aventura. Así fue como compré mi siguiente coche, un Toyota Prius 3G.


Tenía 160.000 km, que aunque puedan parecer muchos, para un Prius no lo son. Sólo tenía una pega, y es que el anterior dueño era un fumador empedernido. No os imagináis lo asqueroso que resultaba entrar en el coche el primer día. Por fortuna, hay productos de limpieza muy especializados, así que sabiendo el potencial que había tras la capa de nicotina, fue una gran compra. Para que os hagáis una idea, este era el antes y el después de limpiar los plásticos de las luces interiores…

Después de un mantenimiento interno y externo y el retapizado del volante, tenía un coche casi nuevo. Así comenzó mi periplo por los coches de energías alternativas, en este caso, un vehículo híbrido. Aproveché que en YouTube apenas había tutoriales interesantes sobre el Prius y que quería aprender a editar vídeos y experimentar con la creación de contenido, así que decidí hacerlos yo mismo.
Estos videos me trajeron algunas visitas y agradecimientos por parte de usuarios actuales y futuros del Prius. Incluso hoy en día, sigo recibiendo preguntas a través de los comentarios de esos vídeos. Si os interesa, podéis echar un vistazo a mi canal y ver algunos de ellos.
A los pocos días, puse en venta el Smart, así que en el garaje se quedaría el Prius y el MX-5.

Diciembre de 2016
Y así llega uno de los momentos más tristes de esta particular historia automovilística. Después de mucho pensarlo, llegué a la conclusión de que era hora de dejar de gastar dinero en automóviles y comenzar a invertirlo en cosas que me llenaran más. Me había pasado 13 años siendo propietario de dos o más vehículos, en alguna ocasión incluso 4 a la vez, con los gastos que ello conlleva entre seguros, plazas de garaje, mantenimiento, etc. Supongo que son cosas que vienen con la edad. La idea pues, era vender todos los coches, y quedarme sólo con uno para todo.
Primero, fue el turno del 33, del que quizá ya casi os habíais olvidado, y huelga decir la pantagruélica carga emocional que tuvo su venta. Un momento tan triste, que se mereció su propia entrada en este blog, y que creo que merece la pena leer. Aún hoy, me sigue provocando un nudo en el estómago rememorar aquel momento…
El siguiente obviamente fue el MX-5, que tampoco estuvo exento de drama, ya que fué el coche con el que mejor me lo había pasado jamás. Fue el único que me ha conseguido sacar de casa sin tener más motivo que el de dar una vuelta y disfrutar conduciendo. Lo que sí hice fue mejorar mi simulador de casa, hecho que también ayudó a paliar el mono por pilotar. En Agosto del año 2017, el Mazda se marchó con una agradable y aventurera pareja.
Llegado este punto, una vez más tocaba buscar al candidato ideal. El concepto de coche híbrido me gustaba mucho. Suelo conducir muy tranquilo, y el coche híbrido te invita y te recompensa por ello, así que tener uno era una opción muy a tener en cuenta. No obstante, el espectro del coche híbrido estaba muy limitado aún en aquel momento, y ningún modelo me llamaba la atención.
Se dice que un amante de los automóviles tiene que tener, al menos una vez en su vida, un Alfa Romeo. Yo ya había cumplido esta premisa. Pero también es bastante común entre los aficionados decir que alguna vez debes conducir un Volkswagen Golf. La verdad es que siempre me ha parecido un coche terriblemente aburrido, que no me aporta nada, pero en ese momento se comercializaba una versión que podría tener todo lo que quería en un coche: el Volkswagen Golf GTE.
El concepto GTE es sencillo: coges un Golf, lo decoras con estética GTI, le insertas un batería y un motor TSI de 150cv, le añades un motor eléctrico, y ¡voila!. Tienes un todo en uno. Un coche híbrido enchufable, con el que puedes hacer pequeños recorridos de forma totalmente eléctrica, pero que puedes usar el fin de semana para irte a donde quieras, y con un motor térmico que incluso suena bien, estética deportiva y espacio para llevar a la familia y los amigos de forma relativamente confortable
¿Qué más se puede pedir?. La elección estaba clara.
Me puse entonces a buscar un Volkswagen Golf GTE de segunda mano ya que, aunque vender el Mazda y el Prius me dotaba de un presupuesto abundante, el Golf con esta tecnología era aún bastante caro en comparación con las versiones estándar.

Entre tanto, llegó, como cada año, la Feria Internacional de Muestras de Asturias, lugar en el que las marcas muestran todos sus modelos, y que en ocasiones, permiten a los visitantes probar algunos de ellos, así que era buen momento para ir a ver si había algo interesante. En esta edición, BMW había montado un stand para probar su propuesta 100% eléctrica, el BMW i3, así que me aventuré a descubrirlo.
La prueba no duraba más que 2 o 3 kilómetros, pero no hacía falta mucho más… ¿Recordáis el momento en el que probé el MX-5 junto al comercial?. ¿Recordáis cómo me pareció entrar en una cápsula del tiempo al montar en el Toyota Prius 2G?. Pues esas dos sensaciones combinadas, fue lo que sentí al volante del BMW i3. Era un salto en el tiempo, una evolución del automóvil tal y como lo conocía. Todo era extraño, desconocido, conduciendo en absoluto silencio. Se notaba además que su diseño no se hizo pensando en vender. El i3 se diseñó sobre un lienzo en blanco, y dejando que los ingenieros de BMW plasmaran en un coche lo que creían que debía ser un coche eléctrico sin importar nada más.
Contaba con puertas trasera de tipo suicida, un piso totalmente plano, tenía un tamaño pequeño pero era curiosamente alto, lo que no suele ser bueno, y esas ruedas estrechas como las de una carretilla. Además, la persona que estaba haciendo las pruebas me instó a que apretara el acelerador y… ¡DIOS SANTO! ¿Esto es un Porsche o un coche urbano?. ¡Pero cómo demonios puede correr tanto!. En ese coche todo era diferente a lo que había visto hasta el momento, y me encantó. ¡Quiero uno!
Y así, estimados lectores, es como en 10 minutos tus planes cambian, y te encuentras en la situación de no saber cómo demonios vas a comprar un coche 100% eléctrico, si ni siquiera sabes de qué va eso. Es más, sientes la necesidad de investigar mucho sobre ello, porque es algo que sabías que existía, pero que era tan absolutamente marginal que resultaba totalmente desconocido para todo el mundo. De hecho, telefoneé a EDP, mi distribuidora eléctrica en ese momento, para preguntar sobre la posibilidad de poner un enchufe en mi garaje comunitario, y ni siquiera sabían de qué les estaba hablando.
Afortunadamente, cuando deseas algo realmente, buscas soluciones a los problemas que enfrentas, dedicando tiempo y esfuerzo para superar los obstáculos en tu camino. Esto a veces requiere un análisis profundo y la búsqueda de diferentes perspectivas que te ayuden a tomar decisiones informadas. Recomiendo investigar y explorar diversas alternativas, pero no dejarte asesorar ciegamente, ya que cada persona tiene su propia visión de las cosas. Es fundamental confiar en tu intuición y en tus experiencias personales, ya que son ellas las que te guiarán correctamente.
En los días posteriores, acudí al concesionario BMW a preguntar por un i3 de segunda mano o KM.0, y tras unas semanas, apareció el que sería mi nuevo coche / lavadora. El Prius se lo vendí a mi pareja, y comenzó así mi nueva vida como propietario de un sólo vehículo, y además, impulsado por la tecnología del futuro.
BMW i3 60aH



El i3 me lo trajeron desde Madrid, bajo la etiqueta BMW Premium Selection, con sólo 11.000 km. Un i3 con todos los extras posibles, cuya factura de nuevo ascendía a, atención, ¡más de 53.000 €!. Yo no pagué esa cantidad de dinero, lógicamente.
Podemos considerar que este fue un punto de inflexión en mi historia automovilística, ya que el cambio fue tremendamente drástico, y me obligó a realizar un aprendizaje casi desde cero. Fue como redescubrir el automóvil. Era una nueva forma de conducir, de entender la movilidad, como si acabara de sacar de nuevo el carnet de conducir y todo fuera un aprendizaje continuo. Considero que fue un momento temprano para dar el salto al vehículo eléctrico, ya que por aquél entonces la población general apenas comenzaba a saber de su existencia. Afortunadamente, Gijón contaba con varios puntos de recarga, eso sí, de enchufe tradicional, igual al que tenemos en casa, que en los meses posteriores, fueron sustituidos por los actuales estándar de Tipo 2. Como el número de coches eléctricos era mínimo, los puntos de recarga eran gratuitos.
Un consejo que puedo daros es que, en casos como éste, en los que te adentras en terreno desconocido, resulta muy recomendable buscar asociaciones, clubs, foros o similares, para poder plantear tus dudas e inquietudes. Eso me llevó a hacerme socio de AUVE (Asociación de Usuarios de Vehículos Eléctricos), dedicada precisamente a ayudar, asesorar y dar visibilidad a este tipo de vehículos. Esto me permitió conocer a personas que se habían topado con las mismas dudas que ahora me asaltaban a mi, y fue de gran ayuda en los inicios.
Seguramente os estéis preguntando cómo alguien a quien le apasionan los automóviles, ha acabado comprándose un coche eléctrico. Y no sólo eso, sino que era mi único vehículo. Y esa duda la tuvieron también la totalidad de mi círculo de amigos. Hubo alguno que incluso creyó que me había equivocado al escribir la letra inicial del modelo elegido, cuando dije “i”3 en lugar de “M”3. Nunca he entendido esa animadversión hacia los coches eléctricos, ya que son una opción más en el mercado. Con el tiempo, y tras muchas discusiones, me he dado cuenta de que la mayoría de sus detractores suelen ser personas prejuiciosas e ignorantes, que le dan validez a los argumentos de otros, en detrimento del método empírico. En otras palabras mucho más de andar por casa, la gente habla sin tener ni puñetera idea. Aún con todo, yo lo veo de otra forma: un coche compacto de 3.99 m de longitud, con 170 cv, tracción trasera y motor central-trasero, distribución de pesos 50:50 y chasis compuesto de fibra de carbono. Os invito a leerle la frase anterior a alguien que entienda de coches. Posiblemente os diga que se trata de un coche totalmente diferente. No en vano, el BMW i3 se ha convertido en el coche con el que más tiempo he compartido (a excepción del Alfa), y como podrás deducir si has leído hasta aquí, tiene muchísimo mérito. Por algo será…
Mayo de 2018
¿Sabéis lo que ocurre cuando 3 amigos locos por los coches se toman unos zumos y empiezan a lanzar ideas aparentemente inocentes?. Que a veces esas ideas, empiezan a tomar forma y acaban convirtiéndose en realidad.
Eso es lo que ocurrió cuando, junto a dos de mis amigos, Cuervo y Vidal, decidimos apuntarnos a un curso de conducción de CarCross en Galicia. Pasamos el día aprendiéndolo todo sobre estos trastos tan tremendamente entretenidos, haciendo manos, y por supuesto, pasándolo en grande.

Tanto nos divertimos, que en el viaje de vuelta, ya estábamos buscando alguno de segunda mano que pudiéramos comprar entre los 3 para hacer un poco el cabra en nuestros ratos libres. Tras unos días, cerramos la compra y fuimos a buscar la máquina definitiva: un CarCross Speedcar Xtrem GSX-R 750 “Troki Patinen”


Como su nombre indica, motor y caja de cambios provenientes de una Suzuki GSX-R 750, mejorado por el anterior propietario ya que generalmente suelen montar motores de 600cc. Por desgracia, no pudimos ir demasiado a rodar con él, por culpa de incompatibilidad entre nuestros calendarios, pero las veces que logramos quedar, nos lo pasamos genial y aprendimos mucho. Es increíble lo efectivo que es, incluso con ruedas no adecuadas para asfalto. Fue toda una experiencia. Aquí podéis ver un vídeo de una de esas veces que fuimos a disfrutar de él.
Sufrimos un par de problemas mecánicos, fallos de inyección y de rodamientos. Los artefactos de este estilo tienen un mantenimiento complicado ya que se utilizan siempre en condiciones muy exigentes. Además, pese a que los costes entre 3 personas son menores, siguen siendo máquinas muy caras de mantener. Tras unos meses, lo vendimos, y cerramos un capítulo más de esos que te dejan buenos recuerdos.
Enero de 2019
Tras 2 años sin mucha novedad… sí, lo has adivinado, el administrador automovilístico que habita en mi cabeza en forma de vocecita, empezó a sugerirme que estaría genial volver a poseer algún cacharro de dos ruedas. Eventualmente, tomaba prestada la moto de mi padre para darme una vuelta. A mi pareja le gustó la experiencia motera, que nunca había probado, así que me animé a comprar una. Busqué una que fuera cómoda para poder viajar y con maletas, y terminé comprando una Suzuki V-Strom DL1000.

Mención especial a esta Suzuki, que a pesar de darme algo de guerra con las mariposas de admisión, tendrá siempre el honor de ser la motocicleta que nos transportó a uno de esos lugares que todo motero debe visitar al menos una vez en la vida: la concentración anual de Pingüinos en Valladolid. Sin duda una gran experiencia, que recordarás siempre por el terrible frío que pasaste.


Dos años después de comprarla, y dado que no la estábamos utilizando todo lo que deberíamos, se la vendí a un apasionado motero Salmantino, que me consta que la disfruta con ilusión.
Tras su venta, tuve bastante clara mi intención de no volver a comprarme una moto. Pienso que para disfrutar de una moto, hay que ser motero “de verdad”, utilizarla muy a menudo, realizar viajes grandes, acudir a concentraciones e inundarte del espíritu motero… y no hemos cumplido con estas premisas. Además, mis preferencias siempre han ido más hacia el mundo de las cuatro ruedas.
Un año después, dos de mis mejores amigos se sacaron el carnet A y estaban pensando en comprarse una moto. La «presión social» a la que me vi sometido durante ese proceso pudo más que yo, y, desoyendo mis propios principios (mal, Juan, muy mal…), comencé a buscar otra moto para poder salir con ellos. Además, mi padre, cuyo nivel de insistencia para que volviera a ser motero y tener un compañero de viaje era ya insostenible, no dejó de animarme.
Mi pareja y yo nos prometimos que, si volvíamos a comprar una moto, sería con la condición de usarla para lo que realmente está concebida: hacer viajes de verdad, por toda España e incluso Europa. Esto me llevó a buscar una buena Touring, equipada y fiable. Con la ayuda y los consejos de mi amigo «Bemeuvista» Jose, finalmente terminé buscando y comprando mi siguiente motocicleta: una BMW R1200RT.

Considero la BMW R1200RT como una de las mejores motos Touring del mercado. Y teniendo en cuenta que es la elegida por la Guardia Civil para patrullar las carreteras en España, no creo que esta afirmación esté muy desencaminada. Teníamos la moto adecuada para viajar, y compañeros moteros ansiosos de acumular kilómetros a lomos de sus monturas. Seguro que os estaréis imaginando los increíbles viajes que habremos hecho y los miles de kilómetros que recorrimos con nuestra querida RT, ¿verdad?
Nada más lejos de la realidad. Aparte de una escapada relámpago a Galicia (más por contentar a un padre deseoso de disfrutar de un viaje paternofilial que por auténtico espíritu motero) hubo alguna que otra salida esporádica, pero sin duda alguna, no estábamos cumpliendo en absoluto con las condiciones iniciales que habíamos jurado seguir.
Marzo de 2023
Sí. Otra vez.
Una vez más, llegué a la conclusión de que lo nuestro no son las motos. Pensé que era absurdo tener una motocicleta de estas características sólo para salir de vez en cuando. Convencido de que alguien podría disfrutarla como realmente se merece, la puse en venta, y por fortuna, no tardó en aparecer un comprador, dado el excelente estado en el que se encontraba.
En el momento en el que vendí la moto, pensé en buscar otro vehículo de ocio, esta vez, con el número adecuado de ruedas, es decir, 4. En un primer momento, pensé en tirar por algún clásico y volver a la época de los rallyes de regularidad, pero esta opción, teniendo en cuenta que lo usaríamos también para recorrer España y hacer EscapeRooms, hubiera resultado poco conveniente, así que comencé a buscar un candidato que volviera a reunir las condiciones idóneas. Ya que iba a ser destinado exclusivamente a ser un vehículo de ocio con el que poder viajar, pensé que debía ser un coche cabrio, manual y tracción trasera, lo que era de gran ayuda para filtrar.
Las opciones eran bastante limitadas. Dado que me gusta tener coches poco comunes y experimentar, pensé que podría ser el momento de cumplir uno de mis sueños automovilísticos: tener un Caterham o alguna de las múltiples variantes que fabrican algo similar. Me puse en contacto con MK Sportscars, una pequeña empresa de Essex en Reino Unido, dedicada a la construcción de kitcars, para preguntar por su modelo Indy.
Después de hablar con ellos, rebuscar información y consultar con algunas personas, decidí descartarlo.
Además de enfrentar una inmensa cantidad de impedimentos legales para homologar algo así en nuestro país (a no ser que pagues lo que cuesta un Caterham de verdad), pensándolo fríamente, atentaba directamente contra el principal motivo por el que habíamos puesto la moto en venta. Estos coches se parecen más a una moto que a un coche: sin calefacción, con un techo que es poco más que una sábana dura, y sin ningún tipo de confort.

No sin resignación, sabiendo ya que mi sueño debía esperar, continué con la búsqueda. En una escala algo menos radical a un Caterham, se situaba otro candidato que me parecía interesante: el Opel Speedster, pero la ausencia total de un maletero, lo hizo caerse de la lista rápidamente. Sopesé también un BMW Z3 / Z4, más que por gusto, porque me hacía gracia tener dos coches de la firma bávara, pero las motorizaciones deseadas (6 cilindros) provocarían un gran agujero en mi cartera, tanto en su adquisición, como en su posterior mantenimiento y repostaje. De igual forma, se me ocurrió un Porsche Boxter, sin embargo, consideré que sería meterse en un jardín igual que el de los “Zeta”.



Nada parecía encajar con lo que estaba buscando, hasta que se me ocurrió algo que sorteaba todos estos impedimentos. Yo ya había tenido un cabrio, manual y de tracción trasera, que cumplía con todas esas condiciones… ¿por qué no buscar otro igual?. Además, ahora había una versión “picante” de 184 cv, y contaba con mejoras interesantes, como la columna de dirección regulable en profundidad, o sistemas de entretenimiento como Apple CarPlay y Android Auto. Tenía todo lo que buscaba.
Pues hagámoslo, busquemos otro Miata.
Lo que tenía muy claro es que no volvería a ser rojo. Ya era bastante raro volver a comprarme el mismo coche, así que no quería volver a repetir color. Y como el blanco en este modelo es uno de los menos comunes, ese fue el elegido. Con los filtros “2.0 184 cv”, “color blanco” y “2019 en adelante” colocados, la búsqueda en los portales de compra venta arrojaba muy pocos resultados, casi todos provenientes de concesionarios oficiales, y modelos a estrenar. Tras un par de semanas, en una de las repetitivas búsquedas que estaba efectuando cada pocos días, apareció un nuevo resultado. Reunía todas las condiciones, y además, tenía algunos “upgrades” interesantes que ya tenía en mente instalar después, como llantas, una suspensión rebajada o escape. Además, el anuncio decía que entregaría con el coche todo el material de serie. El único problema era que se encontraba en la otra punta de España, en Murcia para ser exactos. Necesitaba un par de días libres, y que alguien pudiera bajar conmigo, ya que debíamos subir con las piezas, así que sería necesario bajar en un coche, y subir con los dos. Todo indicaba que no iba a poder hacerlo hasta pasadas varias semanas, lo que con total seguridad significaría que alguien se adelantaría en la compra. Afortunadamente, tras algunos movimientos de agenda, encontramos el momento, y emprendimos camino.
Madrugamos un Viernes Santo, y tras 900 km, llegamos a nuestro destino. Quedamos con su dueño, fuimos a verlo y probarlo, y no necesité mucho más. Desde que comenzamos a hablar, hubo muy buen feeling con su propietario, y todo fueron facilidades por su parte. Nos abrió las puertas de su casa para firmar el contrato, nos ofreció su garaje durante la noche que dormimos allí para evitar que le pasara nada al coche, ya que ese fin de semana de fiestas era “peligroso” dejarlo aparcado en la calle, y madrugó estoicamente al día siguiente para entregárnoslo y despedirnos. Sé que le tenía un gran aprecio al coche, y yo empatizo totalmente con la gente que tiene pasión por un automóvil, porque sé lo que se siente. Así que voy a aprovechar la oportunidad Dani, porque sé que leerás esto, para decirte que intentaré cuidarlo al menos tanto como lo hiciste tú, y para darte las gracias una vez más por todo. Si algún día vienes a Gijón, tendrás las puertas de mi casa abiertas, y las llaves del MX-5 para que rememores viejos tiempos.




Llegado el sábado, tocó el viaje de vuelta. Otros 900 km que se hicieron largos, ya que hicimos más paradas que a la ida. Por fortuna no había prisa ninguna, y no tuvimos nada de tráfico a pesar de ser finde de Semana Santa y operación salida, así que llegamos sin contratiempos a casa. Los primeros días fueron entretenidos, entre realizar los trámites para el cambio de nombre, seguro… Además, un par de días después de llegar, se encendió el testigo de revisión, así que aproveché a concertar cita, y así empezar “de cero” con él. Estoy seguro de que pasaremos buenos ratos juntos…
Mayo de 2024
Se abre un nuevo capítulo en esta extensa historia sobre mi vida automovilística, una historia que, como bien reza a pie de post, está en permanente construcción. Una vez más, los movimientos de garaje me impulsan a dejar constancia en este blog, cosa que se ha convertido ya casi en una tradición.
7 años han pasado desde que recogiera, con la ilusión de un niño pequeño, mi BMW i3. Tras 70.000 km juntos, sólo puedo tener palabras buenas hacia él. En el transcurso de nuestra idílica relación hombre – máquina, hemos pasado por fases interesantes. Una primera, en la que la novedad entre familiares, amigos y curiosos estaba inundada de preguntas. Casi siempre las mismas, resumidas en 3 como las más recurrentes.
«¿Cuánta autonomía tiene?» «¿Cuánto tarda en cargar?» «¿Y cuando se estropee la batería, que?»
Es el precio que hay que pagar por querer tener vehículos diferentes, que se salgan de la norma.
Cierto es que mirándolo con perspectiva, no fue una buena jugada, principalmente, en el aspecto económico. Es un vehículo que, por el propio avance de la tecnología, se ha quedado obsoleto en poco tiempo, lo que repercute directamente en el valor. No obstante, creo que si en el futuro alguien logra conservar una unidad, se va a convertir en un clásico muy cotizado. Tiempo al tiempo.
Como no estamos aquí para abrir un debate sobre inversiones en automoción, iremos al grano. Sí, como habréis deducido, el i3 ya no está en mi garaje. Ha pasado un tiempo más que considerable a mi lado (teniendo en cuenta que me gusta cambiar, probar y experimentar), y eso es porque realmente tenía todo, o más bien, casi todo, lo que yo necesito en mi día a día. Es un coche compacto, perfecto para la ciudad, ágil y muy potente para su tamaño. La autonomía resultaba más que suficiente para mis trayectos habituales. Podía llevar a 3 personas conmigo, lo que en el 98% de los casos era perfecto.
Pero es cierto que tras 7 años, ya tenía ganas de probar algo distinto, y además, han variado un poco mis necesidades personales. Además, había perdido el interés. Te das cuenta de que cada vez miras menos por el coche, que no te importa demasiado si alguien golpea una puerta o si lo llevas un poco sucio. Además, no negaré que en los últimos 2 años, hemos tenido que ir en el coche de mi mujer alguna vez a buscar a familiares y amigos, porque íbamos a desplazarnos a algún sitio al que no llegaría con el i3. Por lo tanto, decidí que había llegado el momento de buscar un sustituto.
Desde que lo puse en venta, pocos se han interesado. Como mencioné unas líneas arriba, el avance de la tecnología ha hecho que este coche ya se quede un poco anticuado en cuanto a autonomía, y el comprador o compradora tendrá que tener muy claro el uso al que lo destinará.
Julio de 2024
En estos dos meses, ha habido poco interés en el coche. Uno, me preguntó que si le podía enviar un vídeo arrancando el motor… ¿perdón?. Le contesté que era un coche eléctrico y no recibí respuesta.
Sólo 2 personas decidieron venir a ver el coche en persona. La primera tuvo una primera pregunta bastante inquietante:
Oye… ¿qué motor lleva este coche?. Supongo que con 170cv será por lo menos un 2.0…
“Trágame, tierra”, pensé. Quería creer que a estas alturas la gente tendría un poco más de conocimiento sobre coches eléctricos, pero veo que estamos como hace 7 años. Definitivamente va a ser muy difícil venderlo. Por suerte, la segunda persona que vino a verlo tampoco tenía mucha idea, pero quedó conmigo, a parte de para ver el coche, para preguntar e interesarse. Tras más de una hora y media de «masterclass» de coches a pilas, quedó en decirme algo. Parece ser que debió de gustarle la clase, ya que tras un par de días de negociación, se lo quedó.
Por cierto, unos unos datos sobre el i3 que quizá os parezcan curiosos. En 61.000 km, gasté 1230€ en electricidad para cargarlo, 3 revisiones cada 2 años a 150€ cada una, y la sustitución de una pequeña centralita que se estropeó, que costó 130€. No incluyo los neumáticos, que los cambié un par de veces, pero para que os hagáis una idea de los números más generales.
Vendido el i3, tocaba pedirle a mi madre que me dejara su vetusto pero poco usado Peugeot 206 HDI para moverme en los meses siguientes, hasta dar con un candidato adecuado. Además, así aprovecharé para arreglarle esas cosas que se van dejando pasar y que conviene afrontar. Como mi madre no utiliza apenas el coche, tengo tiempo de sobra para buscar al candidato perfecto.
Huelga decir que el sustituto del i3 será también un coche a pilas. No conozco a nadie (y ya son unos cuantos) que haya poseído un coche eléctrico y haya vuelto a uno de combustión, así que yo no seré la excepción que confirme la regla. Todo han sido buenas experiencias, incluso con un coche con ciertas limitaciones como lo es el i3 de primera generación. Así que el próximo candidato será otro coche eléctrico, pero deberá tener dos cosas que ahora necesito: más espacio y más autonomía.
Lo bueno de que haya pasado 7 años desde que compré el i3, es que la oferta de vehículos eléctricos ha crecido mucho. Los hay de todo tipo, potencia, tamaño y precio, así que buscar un candidato no será complicado. Mi único problema es que a todos estos requisitos se le debe sumar uno que siempre me acompaña en mi cabeza. Tiene que ser diferente. Ha de aportar algo a lo que se ve cada día en la calle.
Desde hace unos años sigo muy de cerca a la empresa china NIO. Me gustan mucho sus productos, tanto que he llegado incluso a estar invertido en la empresa. Sus planes de expansión hacia Europa se están cumpliendo, pero por el momento siguen sólo presentes en los países Nórdicos, Alemania y poco más. El modelo que más me gusta y que encaja perfectamente en lo que busco es el NIO ET5.
El gran problema de que no llegue a más países es que en España no habrá concesionarios (cosa que no considero importante en absoluto) pero tampoco habrá talleres oficiales, lo que sí es un hándicap bastante importante.
Hay modelos de marcas mas generalistas que me gustan, pero además de que los precios son exageradamente altos, pocos o ninguno cumple con todos mis requisitos. KIA EV6, Hyundai Ioniq 5… todos tienen algún «pero».
Os sorprenderá que no haya mencionado a la reina de los coches eléctricos, Tesla, pero tengo sentimientos encontrados. Por un lado, sus vehículos me gustan, he probado varios de sus modelos, todo en ellos me encaja realmente, pero de un tiempo a esta parte han estado tan en boca de todo el mundo, por multitud de razones, que lo cierto es que les he cogido un poco de tirria. No me identifico para nada con el estereotipo de propietario de Tesla, que alardea en las redes por cualquier tontería. Esta misma gente que hasta el año pasado era del bando anti-Tesla y anti-coches eléctricos, y tras probar uno, se lo compra, y ahora es adalid de la marca. Luego, toda la polémica añadida que ha rodeado a la compañía, con su famoso Autopilot, sus supuestas malas calidades, y por YouTubers que se han dedicado a hablar mal de la marca más por interés propio y obtener fama, que por informar debidamente. Y por último, el innegable hecho de que hay muchos, muchísimos rodando por nuestras carreteras. Lo cierto es que a día de hoy, ninguno te ofrece más por menos. Es muy difícil competir con Tesla ahora mismo, es la auténtica reina de los eléctricos.
Tengo demasiadas dudas. Parece que esto va a ser más complicado de lo que creía…
Agosto de 2024
Bueno, pues poco tiempo ha pasado, pero mucho he pensado, así que ya tenemos ganador. El elegido es un…
Antes de desvelarlo, voy a contar una intrahistoria interesante.
Como ya sabes, me gustan los coches diferentes que aporten algo distinto. Tras mucho buscar en este mes, he llegado a la conclusión de que no siempre se puede cumplir, sobre todo si tienes claras tus necesidades y tus gustos. En este caso que las necesidades están claras y que las quiero anteponer a lo demás, el espectro de candidatos es muy reducido. Entre esos candidatos, hay un claro ganador, pero ya que el elegido no va a ser diferente por nada en especial (o quizá si, ya lo veremos más adelante), he decidido que lo realmente diferente será la forma de comprarlo.
En todo este periplo de compras y ventas de vehículos, salvo en una ocasión, todos han sido de segunda mano. Los he ido yo personalmente a ver, a revisar, y he confiado en mi criterio para todos y cada uno de ellos. Es a día de hoy que siempre me han salido bien, y toco madera. En esta ocasión, y con todos los filtros requeridos colocados en los principales buscadores de vehículos, sólo arrojaba 1 o 2 resultados. La cosa pinta complicada para encontrar buenos candidatos.
De forma totalmente casual, me he topado con una empresa llamada ToRoCars que se dedica a realizar importaciones desde otros países de Europa. Pensé que sería una buena idea ampliar la búsqueda a toda Europa, ya que el número de candidatos sería mucho mayor. Efectivamente, comencé a buscar en Mobile.de, portal de referencia en Alemania, y vaya si había más candidatos.
Por un momento, pensé que podría ser una buena aventura ir a comprarlo por mi cuenta, pero consideré que era una operación bastante compleja y que muchos de los aspectos posteriores a la compra estaban fuera de mi control y conocimiento. Ya que había visto que esta empresa se dedicaba a ello y contaba con muchos años de experiencia, decidí enviarles un email para informarme. Agendamos un día para hablar por teléfono, y tras ¡90 minutos!, la mayoría de mis dudas quedaron resueltas.
El proceso es muy sencillo si tienes claro el vehículo, que es la parte más difícil. A partir de ahí, lo siguiente es encontrar uno con todas las características que te interesen. Es en ese momento cuando la maquinaria de ToRoCars comienza a funcionar.
En primer lugar, contactan con el vendedor para informarse del estado general del vehículo. Después, acuerdan una revisión presencial y exhaustiva, se desplazan allí, sea cual sea el lugar en el que se encuentre. Si todo está correcto, y después de enviarte un informe detallado con el estado del mismo, el siguiente paso es negociar el precio. Si el cliente está de acuerdo, se cierra la venta, se realiza el pago del vehículo y se programa el transporte a nuestro país. Una vez en España, se encargan de todos los trámites, ITV, impuestos, matriculación… Y cuando todo esté listo, te lo entregan. En todo este proceso, el único trabajo del cliente es decidir y pagar, con la comodidad de no tener que hacer nada, sólo esperar a que llegue el momento de recogerlo. Me pareció un servicio increíblemente cómodo. Como un Amazon de coches de importación.
Contacté con un par de empresas que se dedicaban a lo mismo, pero la seriedad y profesionalidad de Luis, me pareció decisiva para decantarme por ellos. Así que esta vez, la forma de comprar mi próximo vehículo iba a ser totalmente diferente a todas las demás. ¡Probemos cosas nuevas!.

Las semanas siguientes fueron un constante ir y venir de eventos que me acercaban cada vez más al coche que había elegido. Lo primero fue programar la revisión, y un par de días después, la empresa encargada se desplazó a Leverkusen, donde se encontraba el vehículo. Poco después, ya tenía el informe detallado en mi correo, confirmando que todo estaba en orden. Tras hacer el pago, programamos el transporte. Admito que durante esas semanas me volví un poco pesado, preguntándole a Luis constantemente cómo iba todo. Se me hizo difícil lidiar con la situación de haber pagado el coche y saber que todavía faltaban varias semanas para tenerlo. No entiendo cómo un compañero de trabajo logró esperar 12 meses por su Honda Civic, ¡yo no habría podido!.
Una vez cargado en el camión, y gracias a que ya tenía acceso a la App del coche, podía ver dónde se encontraba en cada momento. Fue curioso seguirlo, ya que cada vez que entraba a mirar, estaba en un país diferente. Casi acabo con la batería de tanto consultarlo.
Llegado el coche a Madrid, Luis me envió vídeos de cómo lo descargaban. Fue un momento emocionante. Aquel vehículo que se encontraba en Alemania hace unos días, ahora estaba en España, y en poco tiempo iba a poder conducirlo y guardarlo en mi garaje.
Al día siguiente, se le pasó la ITV y comenzaron las gestiones para obtener la matrícula definitiva. A partir de ese momento, la espera se reducía a puro trámite burocrático. Por casualidad, ya tenía planificado un viaje de ocio a Madrid del 6 al 8 de septiembre desde hacía meses. Los papeles se entregaron el lunes 26 de agosto, y basándose en su experiencia, Luis calculó unas dos semanas para tener la matrícula lista. En los días previos, habíamos estado especulando sobre tiempos y plazos, pensando que sería perfecto bajar a Madrid y volver con el coche nuevo ese mismo fin de semana, aprovechando al máximo el viaje, pero, según lo previsto, no iba a ser posible, por solo una semana. Así que, con eso claro, solo me quedaba esperar. Y eso hice. Cada día revisaba varias veces la app de MiDGT, esperando ver aparecer mi matrícula. Una vez que eso pasara, solo faltaría que Luis hiciera las nuevas placas, dar de alta el seguro, y estaría todo listo para recoger el coche.
El viernes 30 estaba haciendo la compra en el supermercado. Mientras esperaba en la cola de la charcutería, abrí la app de nuevo y… ¡Oh, Dios! ¡Ahí estaba, la nueva matrícula! No tardé ni cinco segundos en escribir a Luis para contárselo. Ni él se creía lo rápido que había ocurrido, no habían pasado ni 5 días y ya estaba todo listo. Me dijo que en una hora podría tener las placas hechas y que ya podía ir a recoger el coche cuando quisiera. Me puse nervioso, la emoción me invadió de golpe. Revisé mi calendario personal y laboral y… ¡no trabajaba ese día ni el siguiente! ¿Y si bajamos mañana a Madrid y volvemos el mismo día? ¡No quiero esperar ni un minuto más!
En ese momento se me ocurrió no decirle nada a Llara y bajar de sorpresa al día siguiente. Me puse a buscar opciones para ir en tren o avión, pero no encontré plazas disponibles con tan poca antelación. El autobús lo descarté porque llegaba demasiado tarde a Madrid, así que la única opción viable era bajar en el coche y volver con los dos, tal como hicimos cuando compramos el Mazda. En mi cabeza sonaba espectacular, pero por la tarde lo pensé mejor, y por la noche le conté mi plan. Hacerla conducir cinco horas solo por mis ganas de tener el coche no me parecía justo. Aunque no le hacía mucha gracia, accedió, y finalmente bajamos a por el coche. Ya le debo unas cuantas, ¡es una santa!.
Emprendimos camino a primera hora con la intención de que no se nos hiciera tarde la vuelta. El viaje transcurrió sin contratiempos. Paramos a comer en un centro comercial cercano, y después fuimos a conocer a Luis por primera vez después de más de 1 mes hablando a diario. El día “D” había llegado.
Luis nos recibió con una enorme sonrisa y una cálida bienvenida. Abrió el portón de su casa y ahí estaba, bajo el tendejón, cargando, con su blanco inmaculado, las llantas negras que, aunque tenían algunas ralladuras que ya conocía, seguían luciendo espectaculares. Su enorme techo panorámico hacía que se viera aún más impresionante. Mientras me acercaba, ya imaginaba las próximas semanas, que serían increíblemente entretenidas, descubriendo cada una de las funciones que tenía. Había pasado horas viendo videos sobre el modelo, pero estar ahí, frente a él, y sentarme al volante era otra cosa. Tras un vistazo rápido al exterior, me metí de lleno en el interior. Mi primer comentario fue: “¡Luis, pero si huele a nuevo!”. No podía ser de otra manera, con solo 17.400 km, que se podían leer en su enorme pantalla. En esos primeros momentos no podía dejar de pensar en lo mucho que iba a cambiar todo con respecto al i3. Ahora podría llevar a gente de viaje sin preocupaciones, con una autonomía más que suficiente para movernos a donde quisiéramos. Además, era la primera vez que tendría un coche con tracción a las cuatro ruedas y, sin duda, el más grande de todos los que había tenido, superando incluso al Prius por 10 cm. Pero lo que más me impactaba, y una de las principales razones por las que lo elegí, era que sería la primera vez (y quizás la última…) en la que sería dueño de un coche con más de 500 cv…
Si estás aquí leyendo esto, voy a asumir que, como mínimo, tienes conocimientos más que suficientes sobre vehículos. Y si es así, con los datos que te he dado, seguramente ya habrás adivinado cuál es el próximo elegido para acompañarme en esta larga aventura automovilística.
Tesla Model 3 Performance




Así es. Al final, la lógica prevaleció y el Tesla se impuso sobre mis otras “locuras”. A pesar de que ya es un modelo muy común en nuestras carreteras, lo elegí porque me pareció la opción más razonable. Conozco a varias personas en el mundo de los coches eléctricos que tienen uno, lo que me ha dado muchas referencias. Aunque no era mi opción favorita desde el principio, terminó siendo la elección final.
Como mencioné antes, lo que más me hacía dudar era la tendencia mediática del modelo y de la marca. Esto puede ser positivo en algunos aspectos, pero también tiene su lado negativo. De hecho, desde que mis amigos y familiares se han enterado de la compra, ya han empezado a surgir comentarios como “que no se te queme” o “¿es cierto que…?”. Siempre lo digo: las redes sociales causan mucho daño. No dejéis que os llenen la cabeza de tonterías. Si tenéis dudas sobre algo, investigad y comprobadlo por vosotros mismos.
Al final, al elegir, me decanté por el modelo Performance en lugar del Long Range, ya que la diferencia de precio era lo suficientemente pequeña como para darme ese capricho. Además, al ser una versión menos común, me ofrecía un toque de exclusividad. Con ello, compensaba algunos de los inconvenientes de la compra con el extra de emoción que aporta esta versión.
Esta unidad en particular viene de Alemania. Su anterior dueño era un médico de Colonia que, según lo que he investigado antes de la compra, probablemente lo vendió para irse de voluntariado a África. No se explicaría de otra forma que lo haya puesto en venta con solo 17.000 km y en un estado impecable. Tenía un par de problemas que ya conocíamos: las llantas rascadas que mencioné antes, algo muy común en los Performance (y que sigo sin entender), y un desajuste en el portón trasero (¡un clásico de Tesla!). El desajuste me lo arreglaron bajo garantía, que aún dispone de ella hasta 2026, y las llantas probablemente las repare cuando tenga que cambiar los neumáticos. Por lo demás, el coche está como nuevo.
A estas alturas, considero que tengo a día de hoy, la mejor combinación de coches posible. Una berlina eléctrica para el día a día, ideal para viajar de manera cómoda, económica y segura, y un biplaza descapotable para disfrutar en las escapadas de fin de semana con el que mantener viva la verdadera razón por la que este post tiene sentido: la pasión por el automóvil y el puro placer de conducir.


Me parece bien, que mantengas tu Alfa Romeo 33. ¡Reliquias del pasado!. Asumo, la eficacia del Smart For Two 450, para el uso diario, dadas las peculiaridades profesionales en las que te desenvuelves. Y te envidiamos la conducción placentera en esa preciosidad de Mazda MX5 ND. Ahora bien. Si algún día deseas conducir un coche con diseño excepcional. Deslumbrante aspecto. Y su potente y decidida presencia en la carretera, necesariamente habrás de pedirle el Mazda 6, 2.5, 192 c.v. con paquete Luxury, más Pack Premium; mas Pack travel; mas SunRoof SOUL RED a tu padre. No te olvides, de que para que esa posibilidad se te cumpla, necesariamente habrás de traer las llaves del Mazda MX5 y dejarlas en mi casa…
Ningún problema en eso, mientras la llave se mantenga en casa. Recuerda que el Mazda MX5 es tracción posterior, algo que no recuerdas desde tu ya lejana adolescencia cuando, en un alarde de optimismo e inconsciencia más que de control, llevabas tu Simca 1000 Rallye por cierta carretera hacia alguna playa bordeando los límites de la física. Afortunadamente, aún tengo a mi madre para que me cuente como arrancaba de cuajo el asidero de la puerta por la tensión de aquellos momentos. Sé que aún portas un espíritu jóven, pero recuerda que los reflejos son harto importantes para el manejo automotriz, cosa que a ciertas edades, querido padre, escasean. Eso sí, el uso de la esponja y el cubo no está contraindicado a partir de los 65 años, así que si gustas…
Me he sentido totalmente identificado en un par de partes:
‘Quería un ”pepino”. Mi novia se había comprado el coche útil, así que yo tenía vía libre para comprar el coche “inútil”’-
‘tengo el MX-5 para disfrutar de la conducción, y si necesito llevar a gente o ir cargar con bultos, mi novia me deja (espero) el suyo’.
Me pasa exactamente lo mismo porque me planteo a corto-medio plazo comprar un Miata ND.
Un saludo!
Hola Alejandro! Perdona, no había visto este comentario. Pues si tienes esa posibilidad ya no tienes excusa para no comprarlo :D. No obstante, ahora he vuelto a darle una vuelta de tuerca, y yo también tengo un coche útil, así que no tengo que depender de que me dejen ningún coche. Espero actualizar pronto el relato. Un saludo y gracias por comentar.