Triste despedida
Las despedidas son por lo general, dolorosas. Más aún cuando te despides de algo a lo que le guardas un cariño especial.
Hoy es un día tremendamente triste para mí. Me despido de un inseparable compañero. Un baúl en el que hay cientos de recuerdos, historias y experiencias.
Fuiste el primero. El primero con el que experimenté la sensación de libertad. Contigo pude comenzar a disfrutar de la independencia que proporcionabas. Los primeros momentos juntos fueron confusos. Te creí muerto antes de nacer, pero sólo necesitaba conocerte mejor. Cuando lo hicimos, comenzamos a ser inseparables. Recorrimos miles de kilómetros, y decenas de lugares. Al principio, pensé que no seríamos buenos compañeros, pero cada mes, cada año, la simbiosis era cada vez mayor. Vinieron otros, pero tú siempre te quedaste a mi lado.
“¿Porqué no lo sacas de tu vida?” – preguntaban. “Porque forma parte de ella” – respondía.
No sabía vivir sin ti, y tampoco quería.
Entonces, un día me volví loco. Comencé a despojarte de todo lo que en tu interior llevabas, y una nuevo comienzo surgió. Te arreglé, te dejé precioso. De alguna forma, quería devolverte todo el cariño que me habías dado desde que nos conocimos. Lucías genial. El mundo te miraba entonces con cierta admiración, aunque nunca destacaste. Pero para mí, tu eras el mejor. Y ahora, mi sueño se había hecho realidad. Ya eras tal y como un día te imaginé. Un atleta, preparado para correr.
Pasaron entonces unos años, y los achaques comenzaron, propios de tu edad. Yo siempre te seguí cuidando, quizá no tanto como merecías. Poco a poco, nuestra relación se fue enfriando, porque la gente con la que nos gustaba salir, dejó de querer ir con nosotros. O quizá porque yo soy humano, y el tiempo me hizo reflexionar, cambiar.
El caso es que hoy, 7 de Diciembre, tú y yo nos vamos a separar. No sé si para siempre. Se me hará extraño ir a verte al lugar donde siempre me esperas, y no encontrarte. Muy extraño.
Te lloraré siempre, por todo lo que me has dado, y por los buenos momentos que hemos pasado juntos. ¿Y sabes por qué todo esto no tiene sentido?. Porque estas hecho de metal, plástico, goma y cables. No entenderán que me sienta triste por ti, pero tú y yo sabemos que es así. Porque tú siempre serás el que me dio alas por primera vez.
Hasta siempre, mi bella macchina.


Llevo años acordándome de ese coche al pasar por el Sobiñagu cuando vuelvo a Gijón, no sabía que lo habias dejado ir. Me alegra saber de ti, llegue aquí por casualidad desde Twitter, has hecho muchas cositas das interesantes desde que te perdí la pista. Que sepas que en mi cabeza sigues siendo “perfumista” 😉 Un abrazo grande
Oculto tras ese seudónimo no te ubico, pero si vivimos la época perfumista, seguro que tenemos algunas anécdotas interesantes que recordar :D. ¿Con quién tengo el gusto?. Un abrazo para ti también!